En la tarde de ayer vivimos en nuestra comunidad de Madrid la Eucaristía de acción de gracias por los 100 años de la aprobación diocesana. Presidida por don Vicente, obispo auxiliar de Madrid, tan cercano y querido para nosotras, la celebración se convirtió en un verdadero encuentro de familia, lleno de emoción y de gratitud.
Nuestro corazón se elevaba a Dios al recordar cómo, hace cien años, suscitó en nuestros fundadores el don de un carisma que sigue hoy vivo: trabajar en las cosas de Dios, entregando la vida para que cada joven pueda descubrir su camino, su verdad, su sentido. Sentíamos que esta historia no es solo pasado, sino una gracia que sigue latiendo en el presente.
Las palabras del obispo resonaron con fuerza en nuestro interior, recordándonos, como san Pablo, que “en todo y siempre, el amor” es el fundamento de nuestra vida y misión.
Gracias de corazón a todas las comunidades religiosas, cooperadores, amigos, sacerdotes y tantas personas queridas que llenasteis nuestra capilla. Vuestra presencia hizo visible que no caminamos solas, que somos familia, que somos Iglesia. Ayer, más que nunca, experimentamos que la gratitud se hace comunión… y la comunión, esperanza.




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