Fallece la Hna. Dolores Carrocera

Fallece la Hna. Dolores Carrocera

El pasado día 23 nos ha dejado la hermana Dolores Carrocera Bances. La hermana Dolores nació en Sabero (León) el día 30 de marzo de 1928 y fue bautizada el 23 de abril del mismo año. Hizo su primera comunión a los 7 años de edad y recibió el Sacramento de la Confirmación el día 21 de junio de 1942.

Ingresó en el Colegio vocacional de Trujillo (Cáceres) como aspirante, el  día 15 de enero de 1943, comenzó el postulantado como “Hija de la Virgen de los Dolores” el 11 de marzo de 1945, emitió sus votos temporales el 14 de septiembre de 1947 y profesó perpetuamente el 15 de septiembre de 1950.

Ha sido destinada a Feria, Trujillo, Alburquerque, Almoharín, Selaya y, por segunda vez, a Alburquerque. En todas estas comunidades fue Profesora de Preescolar, teniendo un carisma especial para tratar con niños pequeños, por lo cual en todos los destinos se la recuerda con muchísimo cariño. De Feria hay actualmente varios sacerdotes que fueron alumnos suyos en el parvulario.

Cuando se dejó la enseñanza oficial en la comunidad de Alburquerque se incorporó a la Escuela-Hogar, ayudando en todo lo que podía y si veía alguna niña o niño triste se le acercaba, le daba un caramelito y le hacía una caricia. Si alguno o alguna se había portado mal, a solas, le hacía sus advertencias. Hay que hacer notar que también en la Escuela-Hogar era muy querida.

Nos contaba que desde que llegó a la Congregación siempre se encargó de la capilla, incluso ayudando siendo aspirante.

Las flores las ponía… como de floristería. Hasta el presente lavó y planchó los purificadores y la ropa de capilla. Lo hacía todo con tal cuidado y esmero que ninguna de las demás éramos capaces de dejarlo tan perfecto. Para mover los libros, por su peso, hace algún tiempo, pedía el favor a otra Hermana, pero ella seguía colocando cada día: el cáliz con su purificador, patena con la forma grande, vino, agua, copón, llave del sagrario y después lo recogía.

Dolorines, pequeña en estatura, pero mujer de gran espíritu de oración, muy trabajadora, ordenada; siempre el rosario con ella, y se pasaba muchos ratos del día en la capilla, acompañando al Señor.

Muy amante de su Comunidad, con un gran sentido del humor, disfrutaba haciendo felices a los demás.

Te recordaremos siempre y sabemos que desde el Cielo vas a estar velando por la Congregación y tu querida Comunidad de Alburquerque.

Hermana Cecilia Rubio

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